A Otto le gusta empinar el codo. Un buen día decide y consigue abandonar la bebida. Y Fritz, su amigo del alma, asombrado por el cambio, le pregunta:
- ¿Cómo has logrado volverte abstemio? ¿Cómo tan de repente?
- ¿T e acuerdas que te dije que durante las Navidades iba a venir mi suegra a pasar unos días en mi casa?
- Sí…, pero no veo la relación.
- Es que, cuando fui a abrir la puerta, vi dos suegras en lugar de una sola…
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