Artículo aparecido en La Voz de Galicia.
Febrero de 2007.
Me gustan los catalanes
porque a lo largo de su historia acogieron e integraron a íberos, fenicios,
cartagineses, griegos, romanos, judíos, árabes y toda clase de charnegos y sudacas, sin conocer los
problemas que afectan ahora a Francia; es un ejemplo.
Me gustan los catalanes
porque ya el 7 de abril de 1249 (uno va hacia Matusalén) el rey Jaime I nombró
a cuatro prohombres de Barcelona (los paers) para dirimir los conflictos de la
ciudad sin violencias ni reyertas. Esos hombres sabios, que pasaron a cien en
1265, (el Consell de Cent), iniciaron el sistema del gobierno municipal de
Barcelona. Gracias a ellos reinó allí la concordia, y antes de empuñar las armas
prefirieron siempre emplear la razón.
Me gustan los catalanes
porque en toda su historia no han ganado ni una sola guerra, y encima les da
por conmemorar como fiesta nacional una de las batallas que perdieron en 1714 a manos de las tropas
de Felipe V de Borbón. Cataluña había dejado de ser una nación soberana.
Desde entonces, cada 11 de septiembre muchos
catalanes y catalanas, como hay que decir ahora, se manifiestan para reclamar
sus libertades.
Me gustan las catalanas
porque una de ellas, joven y bien plantada por cierto, no vaciló en pegarse a
mi espalda durante cuatro días en el asiento trasero de una vespa cuando
recorrí la península en pos de Prisciliano.
Me gustan los catalanes
porque tienen de emblema un burro tenaz, trabajador y reflexivo, muy alejado
del toro ibérico cuyas bravas y ciegas embestidas lo abocan a la muerte.
Estos animales son de una raza registrada,
protegida, y prolíferos sementales. Al igual que el cava, se exportan a
numerosos países para mejorar la especie autóctona, como a Estados Unidos,
donde crearon el Kentucky-catalan donkey. Y allí no piensan, ni mucho menos, en
boicotearlos.
Cierto es que
en el carácter catalán confluyen las virtudes del asno. Pero los rasgos diferenciales
no se limitan a los de este cuadrúpedo. La población catalana se define por una
doble característica: el seny y la rauxa. El seny implica sabiduría,
juicio mesurado y sentido común. Tenía seny aquel catalán que iba en un compartimiento
de un tren al lado de la ventanilla. Tiritaban de frío y los otros pasajeros le
pidieron que la subiera: 'Es igual', contestó a varias solicitudes, hasta que
un mesetario se levantó furioso y alzó la ventanilla... ¡cuyo cristal estaba
roto! 'Es igual', volvió a repetir el buen hombre con toda su santa cachaza.
Al seny le responde
la rauxa, asimilable a la ocurrencia caprichosa, la boutade (frase ingeniosa y
absurda). Cuando de joven y surrealista Dalí iba en el metro y veía a un cura
con sotana, le decía: 'Siéntese, señora'.
La alianza de estas dos facetas en un solo
individuo forma el carácter catalán, que se comunica, se comparte y se aprecia.
El otro día al regresar a París en avión desde Barcelona quise ayudarle a un
pasajero, dada la exigüidad del espacio, a ponerse el abrigo: 'No, por favor,
no se moleste, que bastante trabajo me cuesta a mí sólo'. Pero lo más refinado
lo percibí en el taller del ceramista Artigas. Él y Joan Miró estaban
trabajando en el mural del aeropuerto de Barcelona. Le pedí a Miró que le
dedicara una lito a mis hijos. Puso: 'Para Manu y Antoine, afectuosament'.
Cuando la vio Artigas hizo este parco comentario: 'Te lo escribió en catalán
para ahorrarse una letra'.
Me gusta
Cataluña porque allí, según Arcadi Espada, don Quijote recobró la razón, sin duda
contagiado por el seny. Me hubiera dado mucha pena que el Ingenioso caballero
muriera loco.
Me gusta
Cataluña en fin y sobre todo porque uno de mis hijos eligió su capital para vivir
en ella por ser una ciudad abierta, tolerante y discreta.
Ramón Chao*
Músico, escritor y periodista.
Padre del cantante Manu Chao y Caballero de las
Artes y las letras por el gobierno francés.
*Ramón Chao (Vilalba, província de Lugo, 1935) és escriptor, periodista
i músic,
emigrat a França.
Pare del conegut cantant Manu Chao i germà del teòleg Xosé Chao Rego.
Va créixer tocant el
piano a la fonda que regentaven els seus pares. En 1956 va emigrar a França
per estudiar piano. A París va dirigir emissions radiofòniques en gallec, que serien
prohibides per Franco,
i fou corresponsal de la revista Triunfo.
També ha treballat a la premsa i televisió franceses, com a redactor en cap del
Servei América Llatina a Radio France International o col·laborador de Le Monde Diplomatique.
Ha escrit deu llibres
entre novel·les i biografies, un d'ells escrit en gallec, O Camiño de
Prisciliano. És membre del col·lectiu alterglobalització Attac.
www.laprensamagazine.cat